Encontrados restos arqueológicos en Lezo

19/04/2010

Situado una colina de las estribaciones del monte Jaizkibel, a unos 22 m. de altitud, protegido de los embates del mar y orientado hacia el Sur, la colina donde surgió Lezo, constituye un enclave privilegiado que además domina toda la bahía.El valle del río Oiartzun nace en Aiako Harria y es una de las zonas geológicas más interesantes de todo Euskal Herria. Se han documentado algunas de las rocas más antiguas, el granito, y minerales de gran riqueza en metales.

En concreto, la localidad de Lezo se encuentra en plena comarca de transición entre dos eras geológicas: la Secundaria o Mesozoica y la Terciaria o Cenozoica. Mientras que en pleno centro de Lezo gruesos bancos de caliza pertenecientes al daniense (Era Terciaria).

Presencia humana desde la Prehistoria

En los abrigos rocosos de las estribaciones del monte Jaizkibel, prehistoriadores de Aranzadi han descubierto restos del Paleolítico Superior, además del enterramiento más antiguo conocido hasta el momento en Euskal Herria, datado hace 7.000 años.

El siguiente gran hito sería la ocupación de las inmediaciones de la bahía de Pasaia en época romana, corroborado por ciertos topónimos y algunos restos hallados, a los que podemos sumar el fragmento de cerámica localizado en la excavación realizada en el emplazamiento de Lezoaundi.

Siendo la salida natural al mar del Reino de Navarra, a finales del siglo XII el rey Sancho el Sabio otorga carta de fuero a Donostia, lo que afectaba a las poblaciones de Donibane, Lezo Irun y Hondarribia. Este fuero acogió el derecho marítimo de Aquitania, lo que nos da una idea de la importancia de la actividad marítima y comercial llevada a cabo por los gascones en esta zona. Esta actividad no se detendrá tras la conquista del territorio por parte de el rey castellano Alfonso VIII hacia 1200, el cual concederá cartas de fundación a varias poblaciones y privilegio otorgado a familias nobiliarias en un intento de controlar, entre otros enclaves, la desembocadura del Oiartzun. Es en este contexto es donde aparece por primera vez la mención a Lezo, mediante la donación que el rey castellano hace a Guillermo de Lazon. En el documento de 1203 se dice “Item dono vobis Guillelmum de Lazon et socios suos, ut sint vestri vicini”.

Sin duda una bahía como la de Pasaia fue una referencia para todo el tráfico marítimo de la época.

El linaje de los Lezo

Gullermo de Lazon, desde la colina que conocemos como Lezoaundi, emprenderá la tarea de desecación de las marismas, convirtiéndose así en el personaje que dará nombre al poblamiento.

Posteriormente, sus descendientes formarán una de las familias más emblemáticas e influyentes de Lezo, mediante la adquisición de ciertos privilegios, tales como la preeminencia en la iglesia o la obligación de moler en sus molinos, y a través de enlaces matrimoniales que les aportaran nuevas propiedades.

El apogeo de los Lezo comenzará con la unión de este linaje con los Muru, llegando a su máximo esplendor con Gaspar de Muru y Lezo Andia a principios del siglo XVII. Sin embargo, la entrada al puerto de tropas francesas a mediados de este siglo marcan el origen de la decadencia del clan, agravada por disputas familiares y con el Concejo.

La casa solar de los Lezo Andia

En la Edad Media el mar y las marismas ocupaban una superficie mayor que en la actualidad y las embarcaciones llegaban hasta Renteria, por lo que la colina de Lezoaundi sería el emplazamiento idóneo donde Guillermo de Lazon se asentaría a su llegada en 1203.

Sin embargo, no es hasta el siglo XVI cuando se menciona por primera vez la casa de los Lezo, mediante ciertos aspectos hipotecarios e inventario de bienes, a pesar de que es muy probable que en este enclave se encontrara el hogar principal de este linaje de forma ininterrumpida desde el siglo XIII.

Coincidiendo con el apogeo de los Lezo, Guillermo de Muru y Lezo Andia encargará a comienzos del siglo XVII la reedificación de nueva planta de la casa solariega, cuyos restos son los que se han hallado en la intervención arqueológica realizada por Aranzadi. Esta obra durará unos 20 años, desde su diseño en 1607 hasta su finalización en 1629, y en ella se invertirá más de 22.000 reales de plata, lo que supone una cantidad considerable. Además, en esta empresa interviene uno de los arquitectos más importantes de la época, Cristóbal de Zumarrista.

La vida de este impresionante proyecto será corta, puesto que en 1638 la casa es incendiada tras la ocupación del puerto por parte de tropas francesas. A partir de entonces, la decadencia económica de la familia afectaría directamente a sus posesiones, quedando en estado ruinoso el solar originario de los Lezo a finales del siglo XVII.

Ya en el siglo XIX, la Marquesa de Cartago aparece como propietaria del terreno, construyéndose una pequeña casa a escasos metros de la antigua casa solar.

La excavación arqueológica

La intervención arqueológica llevada a cabo por la Sociedad de Ciencias Aranzadi en el lugar de Lezoaundi ha deparado unos resultados altamente satisfactorios, puesto que nos ha dado la posibilidad de conocer la importancia de este enclave en la historia de Lezo.

Esta excavación nos ha permitido localizar el emplazamiento que desde el siglo XIII ocupó uno de los principales linajes de Lezo, y en concreto, definir con exactitud la ingente casa solariega reedificada a comienzos del siglo XVII. En el interior de sus muros perimetrales se han documentado diferentes espacios y construcciones que nos hablan de distintos períodos de ocupación.

Asimismo se han recogido gran cantidad de materiales, también de épocas diferenciadas y relacionados con la vida cotidiana, tales como fragmentos cerámicos de pipas de caolín o monedas y botones de cobre.

 

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