Entrevista a Elisa Querejeta

08/07/2018

Eres Donostiarra, licenciada en Historia Contemporánea, amante del arte, así como profesora de historia. Tu línea de investigación tiene que ver con la fotografía, digamos que es una afición que te viene de familia. Has trabajado la memoria histórica y estudiado algunos fondos fotográficos, como los de Francisco Elosegi Limousin y el fondo fotográfico del Museo San Telmo, del que recientemente has sido comisaria de la exposición “Gipuzkoa Argitara. Los fondos fotográficos del Museo San Telmo”.

 

M. C: – En concreto, ¿qué es lo que te atrajo a la investigación de la fotografía?

E.: – En principio la fotografía me ha gustado desde siempre, desde que recuerdo. Mi abuelo era aficionado a la fotografía, siempre estaba haciendo fotos. Los álbumes que había en casa eran para mí, y siguen siendo, porque mi madre todavía vive, una de las cosas que más me gustaban y me gustan de lo que había en casa. Todas las fotos que él sacó siempre las he tenido como un tesoro. Yo creo que de ahí parte mi afición, me imagino, así como de la curiosidad. ¿De dónde es esto?, ¿Qué es esto?, ¿Por qué esto?, ¿Porque saca él esto? Había fotos anodinas … de repente una palmera … ¿Pero este hombre que ve en la palmera? Son tantas y tantas que mirarlas era como un juego para mí. Es algo que va conmigo. Sin más. Lo he llevado siempre conmigo.
M: C.: – Se puede considerar que hasta el siglo XIX la pintura era el testigo de los personajes de la aristocracia y el paisaje de la época. A partir de este siglo se empieza generalizar la fotografía, que ya está al alcance de primero de la burguesía y después a nivel general. ¿Las fotografías de qué años, o qué tipo de fotografía investigas tu?
E.:-La historia de la fotografía que nace oficialmente en 1839 tiene ahora unos 180 años . Se trata de una época que coincide con el período histórico que a mí más me interesa, la historia contemporánea. Son ciento ochenta años solamente, pero hay mucho, mucho por investigar, y es verdad que al principio la foto está alcance de muy poca gente, porque el material siempre ha sido caro. Hoy también lo es. No sólo el material sino el proceso. Sacar las fotos, hacer las copias … todo eso siempre ha costado bastante dinero. Aunque ahora mismo es mucho más asequible, está claro. La fotografía desde hace un tiempo sufre un cierto boom con el tema de las nuevas tecnologías, eso es verdad, pero está bastante maltratada. Desde el punto de vista documental y desde el punto de vista histórico. Maltratada porque no se ha considerado quizá un arte, o se ha considerado un arte menor. La información que da una foto, tanto documental como artística es impresionante y a mí me parece que debería tener una importancia mucho mayor de la que tiene. No se puede olvidar por ejemplo, que desde los orígenes ha servido como auxiliar de todas las artes, las ciencias, la pintura, la escultura, la arquitectura … Pongamos Sorolla como ejemplo: sabemos que Sorolla, como tantos otros pintores y artistas, se ayudaba de una máquina de fotos. Casi todos los impresionistas, y postimpresionistas llevaban una máquina de fotos, para captar el instante, como apunte, algo que no ha dejado nunca de hacerse. Las fotos son el registro de una época. No tengo interés especial en una o en otra. Ahora bien, cuando encuentras una foto muy antigua, eso te produce un placer especial, y si es de gente guipuzcoana, donostiarra, pues mejor, pero no lo cierro en absoluto.
M.C.: – Digamos que yo soy una aficionada a la fotografía, pero no soy entendida en ello. Yo cuando miro una foto me fijo si está bien encuadrada, o enfocada, no más. Tú sin embargo sacas más conclusiones. ¿En qué debemos fijarnos el mirar una foto?
E.: – Una foto es el producto de alguien y está hecha en una época en concreto. Esto es, hay un  contexto. Por otra parte, a mí una foto me parece algo misterioso, que no se sabe muy bien cómo está ahí. Y tiene un contexto, y estudiando el contexto puedes encontrar muchas claves
para entender un montón de cosas. Eso es para mí la fotografía. Desde la del aficionado hasta la del profesional, a mí me interesa todo, yo no hago distinciones en este sentido.
M.C: – ¿En qué te fijas, en la vestimenta, en el fondo?
E.: – ¿Técnicamente quieres decir? La foto puede estar técnicamente muy bien hecha, pero no decir nada, o ser técnicamente muy mala, y ser muy interesante. No lo sé, no te podría decir. Por ejemplo hay veces en que la foto está desenfocada pero precisamente eso es lo que le da
más valor, lo que le proporciona un valor artístico. No sé. Depende, por ejemplo si te fijas en el material, pueden ver que es una albúmina, un cristal, una gelatina, ves el material del que está hecho. Ese material te lleva a una época en concreto. Ya sabes que es tal año o de tal otro. Luego depende de los personajes o de la ubicación, que te sitúa en un contexto… Tú imagínate que es, por ejemplo, Elosegui en Tolosa años cuarenta, una vista de la calle desde el balcón, por donde ves que pasan tropas de regulares. Entonces, ya te sitúas en la guerra… y empiezas a hacer todo el montaje de lo que representa esa fotografía. Sientes o percibes ciertos elementos, que seguramente otra persona no vea o vea de otra manera, hay mucho de subjetividad en todo esto que digo.
M.C.: – ¿Con esos datos tú entras en la historia?
E. : – Sí normalmente sí.
M. C: – Entras en la historia y estudias el momento históricamente desde la fotografía…
E.: – Eso es una manera de decir, pero no sólo en la historia – eso es en grande – , sino, en la del propio fotógrafo, en su manera de mirar. Por ejemplo: una serie de fotografías sacadas de Uzturre o Urgull, me indican que este fotógrafo tiene ciertas preferencias. Le gustan el monte, la luz … Vas estableciendo cuáles son sus elecciones, a quien suele sacar, que no, un montón de elementos que enriquecen la historia, que así se convierte en un concepto entonces muy amplio.
M. C.: – ¿Está todo eso unido de alguna manera a la historia?
E. – Si está unido a la historia, bueno mejor dicho a un tiempo, que sería más preciso
M. C.: – ¿Con qué dificultades te encuentras en tus investigaciones?
E.: – Es costoso acceder al material original. Todo está reproducido, digitalizado, está siendo el momento de las digitalizaciones, ya llevamos un tiempo con ellas, el acceso es casi imposible o pongamos que muy costoso, y el material original normalmente no lo ves. El material muchas veces no está bien digitalizado, porque le han quitado los marcos, los cantos, las esquinas, dejándolo como pura imagen …. Olvidándose de que se trata de un documento … y no sabes si es original, reproducción, o una copia de una foto de una foto…
M. C.: – No sabes si está hecha con gelatina,…
E.: – No, ni idea. Ahora mismo nadie te deja tocar nada. Estamos haciendo cada vez más bunkers, donde el acceso es imposible o por lo menos cada vez más difícil, vaya.
M.C.: – Entonces de alguna manera tenemos más información que antes, pero se nos esconde información muy importante.
E.: – Eso es así, además que políticamente, siempre es así. La información importante se la queda… quién se la queda. Eso siempre es así. Lo que está en internet es aquello de lo que uno puede prescindir, en general. Pero lo bueno, bueno, no está … y para llegar a ello tienes que pasar un montón de barreras.
M.C.: – En este momento están semicerradas.
E.: – Claro, pero eso le pasa a cualquier investigador de cualquier cosa, yo creo. Es verdad que hay más digitalización, que está más abierto, que hay más acceso, de eso no hay ninguna duda, pero en el tema de la fotografía las condiciones son distintas …
M. C.: – La digitalización quiere decir que todas las fotografías son del mismo estilo, o sea, que no se puede destacar de qué época es.
E.: – No, nada, nada, porque son planas. Además, hay digitalizaciones muy malas, hechas sin ningún criterio de nada. Hay otra cosa a tener en cuenta también y es que el arte fotográfico no es igual a la pintura tradicional que es un producto único. La foto es un grabado, y por lo tanto tienes una matriz original y las copias, y hay copias buenas, copias malas, copias del XIX, copias del XX, etc. todo un rango que hay que tener en cuenta. No se trata de cantidad, una vez más, sino de calidad. Y todas parten de una matriz original que en muchísimos casos ha desaparecido, o con el que ya no contamos.
M. C.: – Las fotografías analógicas, antes se retocaban. ¿Es fácil reconocer las que son retocadas o no?
E.: – El retoque viene desde la placa de vidrio o el negativo en acetato u otra técnica de época. Desde los orígenes, siempre se ha retocado: la matriz, las copias. Eso siempre ha sido así. El proceso te lo pide.
M. C.: – Hoy en día la mayoría de las fotos son digitales no las vemos sobre papel. ¿Qué diferencia encuentras entre las fotos digitales las que están impresas en papel?
E.: – He oído a muchos fotógrafos profesionales decir que no se saber editar. Se sacan muchas fotos, y como hay tantas, da pereza elegir, y en muchas ocasiones no se sabe cuál de ellas elegir. Lo que está pasando es que no se saca a papel ninguna y que no se edita casi ninguna. Se almacenan. Con los procesos antiguos esto no pasaba, o pasaba en menor cantidad. Hoy la cantidad de fotos que se hacen es abrumadora para cualquiera.
M. C.: – Había que elegir que foto sacar antes de hacerla.
E.: – Si, ahora se saca y se saca y luego ya elegiré. Esto por ejemplo transforma la forma de sacar fotos, yo creo.
M. C.: – Porque son instantáneas. Se saca según te acercas al objeto una y otra vez. Luego para ir eliminando.
E.: – Una imagen sacada en 1930, en un mirador, estoy pensando en Elosegui, que saca a su hermana en el mirador de su casa … Tiene una cámara Leica y una focal que le obliga a estar a una cierta distancia, y un tiempo lento. Eso determina el resultado. La cámara no se le echa encima y hay más tempo en esa imagen, algo que forma parte de su belleza.
M. C.: – Las de ahora son más instantáneas.
E.: – Lo de ahora es distinto. Hay más instantaneidad, ahora la vida va más rápida se hace todo mucho más rápido. Y eso también “está” en la foto.
M. C.: – Antes se hacían más fotos artísticas, digamos, jugabas con la luz, la velocidad, la apertura del obturador.
E.: – Ahora las obturaciones son muy grandes. Los móviles no tienen normalmente obturaciones pequeñas con lo que la mayoría de las fotos actuales son planas. La gente muchas veces, eso, no lo sabe. Dudo que antes supiera las posibilidades que le daban las ópticas analógicas, eso también hay que decirlo … Pero la fotografía digital también tiene sus ventajas, la fotografía nocturna por ejemplo ha ganado muchísimo, y la posibilidad del registro del movimiento, la portabilidad … etc. Todo tiene su lado bueno y el malo. Sin más, es diferente, muy diferente.
M.C.: – ¿Cómo ves el futuro de la investigación fotográfica?
E.: – No lo sé.
M.C.: – Pasamos de papel a lo digital. ¿Será más fácil estudiar lo digital?
E.: – Lo digital lo tenemos encima, y hoy todo el mundo es fotógrafo. No sé qué pasará, no tengo ni idea, porque la producción audiovisual en general, ¡es tan grande! Sea como sea, en una fotografía, lo que tú recibes es un tiempo, un lugar. Eso es lo que a mí me gusta.
M. C.: – Lo digital también refleja eso.
E.: – Si, por eso te digo que la fotografía tiene un poder que a mí me parece impresionante. Que en una foto esté lo que tú ves en la realidad, me parece magia. ¿Cómo es posible que lo está ahí pueda quedar plasmado en un trozo de papel?. Un paisaje, tu madre, lo más querido que tú puedas tener, que quizás ya está muerta, o que ya no está y que de repente tú la ves… Y hay algo de lo que ves ahí, que te remueve de una forma que dices, ¿esto cómo es posible? Eso no lo hace un cuadro. Un cuadro, es distinto.
M.C.: – ¿En qué lo ves distinto?
E.: – Cuando digo distinto, es distinto. No digo que es mejor o peor, sino distinto. En la fotografía hay algo que es de un real, algo que para mí el cuadro no tiene. No digo realidad, sino algo de un real que te toca mucho, y que el cuadro no tiene.
M.C.: – En el cuadro se trabaja más lo artístico.
E.: – Es otra cosa. El retrato pictórico de una persona es una descripción, una interpretación del retratado, pero en una foto – que también es una interpretación – la persona está ahí. No se puede negar, es ella, es él. A mí esto me sigue impresionando mucho. Esto lo estudia muy bien el filósofo Roland Barthes y es algo que me interesa mucho. Me parece una cosa bastante extraña. Es otra de las dimensiones de la fotografía, algo que raya con algo de la existencia, algo que te hace preguntarte qué pasa ahí. No sólo está la cosa de reconocer y ubicar una imagen en un tiempo y un espacio sino que el hecho de que la naturaleza de la misma va “más
allá”.
M.C.: – De las fotografías digitales ya hemos hablado, que son trucadas retocadas ampliadas…
¿Hay algún modo de saber si están retocadas, o manipuladas?
E.: – Si. Por poner un ejemplo: Galarza, el fotógrafo donostiarra que trabajó la tarjeta postal en los años 30 y cuyo fondo está en el Museo San Telmo, tiene muchos negativos de acetato de trece por dieciocho con los cielos retocados para hacerlos más dramáticos. Pinta nubecitas para dar vida y dramatismo a los cielos grises que tenemos en Donostia normalmente. Es una licencia de artista. Y el resultado, en su caso, resulta más impactante, y más comercial.
M. C.: – En las digitales también se retocan, y ¿también se nota?
E.: Sí, claro. O no. Lo de la pureza creo que es un mito, de no ser que sea una apuesta artística. Hay corrientes fotográficas que abogan por ser escrupulosos y sinceros a la hora de tomar una instantánea, pero la fotografía por sus características técnicas “no puede ser pura”. La imagen se saca con una cámara, se pasa al ordenador, se corrige, se almacena, se imprime, y en cada etapa del proceso ya hay una modificación que te lleva lejos del primer click.
M. C.: – ¿En este momento todo el mundo somos fotógrafos?
E.: – Fotógrafos de una hora, de un día … de un año … Lo que no se puede negar es que el acceso a la fotografía es mayor que nunca en la historia, y la imagen está también más presente que nunca, eso también se puede constatar.
Mari Carmen Oiarbide.

 

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