Un equipo de Aranzadi participa en el documental "Cuelgamuros, entre lo difícil y lo imposible" de RTVE

Antropología / Antropología forense

Lunes, 28 de Septiembre, 2026 — CEST

— Texto: Aranzadi

Lectura: 2 minutos

Esta es la primera vez desde que hace casi siete décadas las criptas se tapiaron, se cerraron a cal y canto tras introducir en ellas más de 33.800 cuerpos, doce mil de ellos sin nombres ni apellidos, desconocidos.

La intención del documental es que los forenses no se limiten a contar su trabajo, sino que, sobre todo, lo muestren. Que nos descubran lo más llamativo, dónde están las víctimas, emparedadas tras las paredes de ocho capillas de la basílica, y en qué estado se encuentran. Que se pongan las calzas, el mono blanco, el gorro y la mascarilla con los que se protegen del riesgo biológico que hay en las criptas, y hagan sentir al espectador, cómo es estar allí, trabajar, cómo es su día a día y lo más destacado de lo mucho que les ha ocurrido en estos tres años dentro de esas salas lúgubres, asfixiantes, de seis metros de ancho y doce de largo, que no llegan a los dos metros del alto. Sin luz natural, con una humedad del 90%, rodeados de cajas y más cajas negras de las que en muchos casos no quedan más que montañas de madera y huesos, a veces deshechos, todos revueltos, entremezclados. Uno de esos lugares donde cuesta asimilar dónde estás. Cuesta pensar que eso realmente existe; es real.

Cuelgamuros, entre lo difícil y lo imposible, explica todas las fases del proceso forense. La más complicada de todas, la que se produce en las criptas donde dos arqueólogos, Lourdes Herrasti y René Pacheco, intentan junto a la médico forense, Elisa Cabrerizo, localizar entre 11.060 cajas, a las 214 personas que buscan. Algunas de ellas son cajas individuales, con un solo cuerpo. Otras, colectivas, con hasta 15 cadáveres. En teoría, porque en la práctica han encontrado alguna con incluso 18 personas.

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