Aranzadi ayudará a Lekeitio a conservar los tesoros del islote de Garraitz

10/12/2020

El Ayuntamiento pretende, junto con la sociedad cultural Atabaka, poner en valor este patrimonio para el 700 aniversario de la fundación de la villa.

Lekeitio se ha propuesto dotar de valor los tesoros de la isla de Garraitz. Con ese objetivo, el Ayuntamiento ha firmado un acuerdo con la Sociedad de Ciencias Aranzadi para mantener y conservar el patrimonio que atesora el islote. Junto a la agrupación cultural Atabaka, impulsora del proyecto, persiguen documentar los elementos más significativos para una fecha muy simbólica; el 700 aniversario de la fundación de la villa que tendrá lugar en 2025.

«La falta de mantenimiento está provocando que se degraden de manera progresiva», señalaron portavoces municipales. Y tanto en el Consistorio como colectivos culturales de la localidad «han constatado un interés especial para recuperar su valiosa historia», añadieron las mismas fuentes.

La primera medida adoptada ha sido la puesta en marcha de un plan de ejecución que se redacta en la actualidad y que servirá para poner a punto la isla de cara al aniversario de la fundación de Lekeitio. Esta actuación se completará con las que se han desarrollado hasta ahora. Entre las más significativas se encuentra la designación del enclave como parque arqueológico. La catalogación por parte del departamento de Cultura y Política Lingüística del Gobierno vasco tuvo lugar el pasado año.

Destaca también el estudio botánico desarrollado por la Diputación en el que se recogen las características que presenta, el estado en que se encuentra, así como las medidas necesarias para gestionar una adecuada recuperación de la flora existente.

El pasado verano, además, se desarrollaron los trabajos arqueológico que Aranzadi lleva a cabo de forma anual en el último lustro. Las labores se han realizado en dos sectores diferenciados. En el extremo norte de la isla, se procedió a la limpieza y documentación del antiguo cuartel durante la Primera Guerra Carlista empleado por trabajadores forzosos -presos condenados- encargados de renovar la batería costera (entre 1836 y 1839 aproximadamente) y que residían en la propia isla.

«Gracias a esa labor se han podido determinar las características de la estructura portante (varios poyos monolíticos de piedra), las escaleras de acceso y de la primitiva solera de la estancia», indicaron desde Aranzadi.

Este cuartel, de unas dimensiones de 15,30 por 7,25 m, se encontraba ligeramente rehundido en el terreno para evitar ser descubierto por el fuego enemigo.

Descubrimientos

El otro área de trabajo se situó en el extremo sur de la isla, donde se ubica el conjunto de edificaciones religiosas. «Entre ellas cabe destacar la planta de la antigua ermita de San Nicolás, la cual proporcionaba su denominación a la isla». Indicaron. Este edificio, de planta rectangular (15 por 19 metros aproximadamente y una extensión de casi 300 metros cuadrados, tienen cimientos que se conservan en relativamente buen estado.

Entre las principales conclusiones obtenidas parece confirmarse que la plataforma inferior, la más cercana a la población, acogió en el pasado una posible área de enterramiento o similar, destinada principalmente a vecinos y/o marineros sospechosos de padecer enfermedades contagiosas (la isla fue empleada hasta el siglo XVII como Lazareto).

«Se han podido identificar además nuevas estructuras relacionadas con el templo religioso, junto a las cuales se ha recogido un pequeño dedal ejecutado en bronce de cronología moderna (siglo XVIII a priori), además otros muchos objetos de uso cotidiano (cerámica, etc», explicaron.

Los hallazgos dejan abiertas nuevas e interesantes perspectivas de búsqueda para las nuevas campañas de trabajo en este singular enclave de la costa vasca.

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